11 April 2026

La Vanguardia (Spain)

Qué papel puede desempeñar la revolución nuclear contra la crisis climática

Sus altos costes, retrasos y riesgos hacen improbable que tenga un papel relevante a corto plazo y las renovables siguen siendo la opción más rápida y económica para reducir emisiones
Source : La Vanguardia: Qué papel puede desempeñar la revolución nuclear contra la crisis climática https://www.lavanguardia.com/internacional/vanguardia-dossier/revista/20260402/11392914/que-papel-desempenar-revolucion-nuclear-crisis-climatica.html

Allison Macfarlane • 2 April 2026

Existe hoy un gran entusiasmo ante las perspectivas de un nuevo despliegue de las energías nucleares que contribuya a reducir las emisiones de dióxido de carbono en todo el mundo. Tales esperanzas no han hecho más que crecer desde el auge de los centros de datos de inteligencia artificial, que consumen mucha energía y para los que todas las previsiones apuntan a una necesidad cada vez mayor de electricidad. Sin embargo, en este momento hay relativamente pocas centrales nuevas en construcción, por lo que la actual capacidad de la energía nuclear para aumentar su producción con objeto de hacer frente al cambio climático es teórica. ¿Aumentará la energía nuclear de modo significativo en los próximos años? Y, si no es así, ¿tendrá un impacto significativo en la mitigación del cambio climático?

En primer lugar, es importante señalar que la energía nuclear ya está desempeñando un papel importante en la lucha contra la crisis climática. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), en el 2023, algo más de un 9% de la electricidad mundial se generó en las centrales nucleares de 31 países. En el 2025, 408 reactores generaron 2.377 TWh de electricidad, toda ella (relativamente) libre de dióxido de carbono, según el World Nuclear Industry Status Report. Hay en construcción otros 63 reactores (la mitad en China) que, una vez terminados, añadirán otros 65 GW de energía eléctrica. La mayoría de los reactores del mundo son grandes reactores de agua ligera, con una capacidad de alrededor de 1 GW (1.000 MW).

Para que la energía nuclear contribuya de manera significativa a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono, tendría que añadir al menos otro 10% del suministro eléctrico mundial, es decir, unos 370 GW de capacidad de generación. Teniendo en cuenta que hay casi 70 GW en construcción, eso requerirá la construcción de otros 300 reactores grandes o miles de reactores modulares pequeños (SMR), cuya capacidad de generación es inferior a 300 MW. ¿Será posible hacerlo en los próximos diez años? ¿Y sería práctico? Para mirar más allá de un horizonte de diez años, debemos considerar el crecimiento de otras fuentes de energía que no emiten carbono, muchas de las cuales están creciendo mucho más aprisa que la energía nuclear.

¿Son los SMR la respuesta?

Los reactores modulares pequeños (SMR) hoy no existen, salvo dos modelos de demostración, uno en Rusia y otro en China. En su mayor parte, se trata de diseños modelados por ordenador. Y cualquier tecnología de ingeniería, ya sea un avión, un puente o un reactor nuclear, requiere primero un modelo informático y luego una planta de demostración (a menudo a escala reducida) para comprobar que el modelo funciona. Y luego siempre hay que realizar ajustes. Si la planta de demostración funciona correctamente se puede ampliar el diseño a la distribución comercial, aunque solo en el caso de que se le vea una viabilidad económica.

Hay actualmente en construcción un diseño avanzado en Tennessee, el reactor Hermes del proveedor Kairos Power. En Canadá, se está construyendo el BWRX de GE-Hitachi, un SMR de agua ligera de 300 MW en la central nuclear de Darlington (Ontario). Ambos recibieron licencias de sus respectivos reguladores para comenzar la construcción. Los dos SMR necesitarán una licencia adicional del regulador para operar la planta. Aparte de los SMR chinos y rusos ya mencionados, estos son los únicos que se están construyendo en el mundo. Todos los demás siguen siendo proyectos y, por lo tanto, con unos costes tecnológicos que siguen siendo inciertos.

Todos los reactores nucleares deben contar con la licencia correspondiente de la autoridad reguladora para garantizar que son capaces de funcionar de forma segura. La electricidad que suministran debe conectarse a la red, ya sea local o regional; y, por ello, el coste de la electricidad que producen también puede estar sujeto a regulación. En los países que ya cuentan con energía nuclear, el organismo regulador tiene experiencia en la concesión de licencias a nuevas centrales y existe la infraestructura necesaria para conectar el reactor a la red y para operar y mantener la central de forma segura.

La construcción de los grandes reactores supera el período de construcción estándar entre cuatro y cinco años, y aun sin retraso es más largo que otras formas como la eólica, la solar o el gas natural

En los países que aún no cuentan con energía nuclear, primero debe establecerse un marco legal que garantice el funcionamiento seguro y la responsabilidad en caso de accidente (los accidentes son tan costosos que las compañías de seguros normales no pueden asegurarlos). El establecimiento de leyes nuevas puede llevar años. Hay que crear un organismo regulador nuclear con la financiación adecuada y personal experimentado para garantizar que los diseños de los reactores sean sólidos, que su construcción se realice de forma correcta y segura, y que la central (una vez lista para funcionar) se gestione de forma segura. Muchos países sin sector nuclear no tienen acceso a personal experimentado y pueden tardar años en desarrollar una mano de obra autóctona.

Además, los SMR, al no haber sido probados aún, no han establecido las cadenas de suministro necesarias para construir y distribuir rápidamente nuevos reactores. Muchos de los diseños de reactores más avanzados o no refrigerados por agua ligera requieren combustible de uranio más enriquecido en el isótopo uranio-235.

En la actualidad, el único país con capacidad para producir ese tipo de uranio es Rusia. La construcción de nuevas instalaciones de enriquecimiento también llevará años (además, deben contar con la licencia de la autoridad reguladora) y costará muchas decenas de miles de millones de dólares. El sector de los SMR se enfrenta a muchos obstáculos para ponerse en marcha, por lo que es probable que estemos a décadas de distancia del tipo de despliegue comercial a gran escala susceptible de tener un impacto en la crisis climática.

Nuevas construcciones de antiguos diseños

Si los SMR no pueden contribuir a mitigar el cambio climático en las próximas décadas, ¿podrían hacerlo los reactores grandes? Los países que ya cuentan con sectores nucleares establecidos tienen un proceso de concesión de licencias probado, de modo que pueden construir nuevos reactores y lo hacen. Además, hay varios diseños de reactores disponibles para su compra listos para usar, como el AP-1000 de Westinghouse, el EPR (European Pressurized Reactor) de Orano y el APR-1400 de Kepco, todos ellos con una generación de potencia de entre 1.000 y 1.400 MW. Los principales retos de esos reactores son el coste y el calendario. Así, pues, ¿cómo puede el mundo construir 300 reactores grandes de forma barata y rápida?

Las últimas construcciones de reactores nuevos en EE.UU. y Europa han sufrido importantes retrasos. Los dos reactores AP-1000 que se han puesto en marcha recientemente en la central de Vogtle, en el sur de EE.UU., debían incorporarse a la red en 2016 y 2017, pero no entraron en funcionamiento hasta 2023 y 2024, con más de siete años de retraso y un total de 13 años de construcción. El EPR de la central de Olkilouto, en Finlandia, debía entrar en funcionamiento en el 2010, pero no lo hizo hasta 2023, con 13 años de retraso y 18 años después del inicio de la construcción. El EPR de Flamanville, en Francia, sufre un retraso similar. En lugar de entrar en funcionamiento en el 2012, como estaba previsto, no lo hizo hasta finales del 2024, aunque aún no ha alcanzado un 100% de su producción energética. Los EPR de Hinkley Point, en el Reino Unido, comenzaron a construirse en el 2017 y se esperaba que entraran en funcionamiento a partir del 2025, aunque las previsiones actuales sitúan la puesta en marcha del reactor en el 2031.

Las nuevas construcciones recientes en China han cumplido mejor los plazos previstos, aunque a menudo han sufrido retrasos de varios años. Los reactores uno y dos de Sanmen superaron el tiempo de construcción previsto por un plazo de entre cuatro y cinco años. Los reactores cinco y seis de Fuquing superaron el tiempo de construcción entre uno y tres años. En los Emiratos Árabes, los reactores de Barakah, construidos por Corea del Sur, superaron las estimaciones de construcción entre tres y cuatro años. La conclusión es que la construcción de los reactores suele superar el período de construcción estándar previsto de entre cuatro y cinco años. E incluso ese plazo de construcción estándar es largo en comparación con otras formas de suministro de electricidad, como la eólica, la solar a gran escala y el gas natural.

Otro obstáculo muy importante para la construcción de 300 reactores en los próximos diez años es el precio. Esas centrales no son baratas. Los costes de capital, es decir, los relacionados con la construcción de las centrales, se encuentran entre los más elevados de todas las fuentes de suministro de electricidad. Se suponía que los dos reactores de la central estadounidense de Vogtle iban a costar 14.000 millones de dólares, pero el precio final superó los 36.000 millones. El coste de la central finlandesa de Olkilouto se estimó inicialmente en 3.000 millones de dólares, pero un solo reactor acabó costando 12.000 millones de dólares. Del mismo modo, el EPR francés de Flamanville debía costar 3.500 millones de dólares, pero el coste real fue de casi 14.000 millones de dólares. Y los reactores de Hinkley Point, en el Reino Unido, debían costar 20.000 millones de dólares, pero la estimación actual se ha disparado hasta unos 40.000 millones de dólares.

Si el coste de la energía es relevante y si el tiempo es un factor esencial, como ocurre con la crisis climática, la decisión clara sería construir más energías renovables y evitar la energía nuclear

Más allá de los costes de capital de la construcción de una central nuclear, el coste nivelado de la electricidad (LCOE, por su siglas en inglés), que incluye los costes de capital, las operaciones, el mantenimiento y los costes de combustible, ofrece una medida del coste de construcción y funcionamiento de una central (incluidos los costes de combustible) por unidad de producción de energía, y permite comparar los costes de diferentes fuentes de energía. Según Lazard, una empresa de asesoramiento financiero que realiza un seguimiento de esos costes a lo largo del tiempo, las formas más baratas de electricidad son la energía solar fotovoltaica a escala industrial (LCOE: 38-78 dólares/MWh), la energía eólica terrestre (LCOE: 37-86 dólares/MWh) y el gas natural de ciclo combinado (LCOE: 48-107 dólares/MWh). Incluso cuando se añade el almacenamiento de electricidad a las opciones renovables, todas ellas siguen siendo más baratas que la energía nuclear (LCOE solar fotovoltaica + almacenamiento: 50-131 dólares/MWh y LCOE eólica + almacenamiento: 44-123 dólares frente a LCOE nuclear: 141-220 dólares).

Por lo tanto, si el coste de la energía es relevante en las decisiones sobre el suministro energético y si el tiempo es un factor esencial, como ocurre con la crisis climática, la decisión clara sería construir más energías renovables y evitar la energía nuclear. Incluso si los costes de capital de los nuevos reactores nucleares se redujeran en un 50% (un escenario muy improbable dada la inflación de materiales como el hormigón y el acero, que son los componentes básicos de las centrales nucleares), el coste de 300 reactores se situaría en torno a los 3 billones de dólares. Teniendo en cuenta que los gobiernos gastarán importantes sumas en medidas de mitigación y adaptación al cambio climático en el futuro, ese tipo de gasto fiscal en energía puede ser demasiado elevado.

Otras cuestiones que necesitarán soluciones

Una gran expansión de la energía nuclear no solo se enfrentará a los retos del coste y el calendario, sino también a otras cuestiones que aumentarán los costes. Habrá que eliminar los residuos nucleares, especialmente el combustible nuclear gastado y los residuos de baja y media actividad procedentes del funcionamiento de las centrales nucleares. Algunos países cuentan con instalaciones para eliminar sus residuos de baja y media actividad, pero ningún país ha abierto aún un depósito geológico profundo para el combustible nuclear gastado y los residuos nucleares de alta actividad. Finlandia es el país más avanzado y está construyendo en estos momentos un depósito geológico profundo; Suecia ha comenzado a construir el suyo. Francia ha identificado un emplazamiento, al igual que Suiza y Canadá. El depósito de EE.UU. se encuentra bloqueado por un estancamiento político. La ubicación de un depósito de residuos nucleares es un proceso a largo plazo que requiere análisis técnicos detallados y años de participación pública. La necesidad de encontrar un lugar para eliminar el combustible nuclear gastado (que sigue siendo altamente peligroso durante miles de años) es responsabilidad de quienes producen los residuos y no debe posponerse para que se ocupen de ello las generaciones futuras.

A diferencia de otras formas de producción eléctrica, la energía nuclear plantea retos únicos en cuanto a su capacidad de afectar a la salud humana y al medio ambiente, incluso para países que no operan centrales nucleares. El accidente de Chernóbil afectó el noreste del Reino Unido, por ejemplo, así como a muchos otros países situados en esa ruta. Tras el terremoto de Tohoku y el posterior tsunami en Japón en el 2011, varias centrales eléctricas se vieron afectadas. Los incendios en las centrales de gas natural se controlan en cuestión de días o semanas tras la catástrofe, pero la central afectada de Fukushima Daiichi todavía sigue requiriendo atención y gestión para contener la radiación, catorce años después del desastre inicial.

La preocupación por el impacto de la guerra en Ucrania en la central nuclear de Zaporiyia (que, en el momento de publicarse este artículo, sigue sin disponer de electricidad externa para garantizar la refrigeración de la central) se centra en la pérdida de capacidad de refrigeración de los reactores, la fusión de los núcleos y la liberación masiva de radiación a los países vecinos como consecuencia de un ataque militar. Por último, la energía nuclear se alimenta de los mismos materiales que las armas nucleares: uranio enriquecido y plutonio, lo que exige un elaborado régimen de salvaguardas administrado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA/IAEA) para garantizar que esos materiales y esos conocimientos técnicos no se desvíen hacia programas secretos de armas nucleares.

Todas estas cuestiones son exclusivas de la energía nuclear y requieren una gestión cuidadosa, que incluye la planificación de la eliminación de todos los residuos radiactivos, la seguridad física y cibernética de las centrales, además de la planificación (si es posible) de la protección de las centrales nucleares en zonas de guerra y las salvaguardas para garantizar que no se desvíen materiales hacia armas nucleares. Tal conjunto de requisitos conlleva un coste adicional, un coste que no soportan otras fuentes de energía que no emiten carbono.

Reflexiones finales

¿Desempeñará la energía nuclear un papel más importante en la lucha contra la crisis climática? Según el análisis anterior, no es práctico ni posible una gran expansión de la energía nuclear a corto plazo. Sin embargo, la energía nuclear seguirá desempeñando un papel: el que desempeña hoy en la cesta energética. Dado que se nos ha acabado el plazo para hacer frente al cambio climático y necesitamos tomar medidas inmediatas, no disponemos de tiempo ni de recursos suficientes para apostar por la energía nuclear como forma de reducir la producción de gases de efecto invernadero. Los países deben invertir sus recursos en tecnologías existentes que puedan construirse de inmediato. Tenemos que actuar ahora, y la energía nuclear no puede ayudarnos en eso.

Allison Macfarlane es profesora y directora de la Escuela de Política Pública y Asuntos Globales de la Universidad de Columbia Británica.

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